martes, 12 de marzo de 2019

LA BALADA DE DIEGO SIN RIMAS


Su cama era cualquier vereda,
que estuviese a mano de su cansancio,
y bajo el mismo cielo que los demás,
intentaba conservar la sombra a sus pies,
por que teniéndola controlada,
la oscuridad no llegaría a su corazón,
y nada lo contaminaría,
ni a nadie podría con su amor lastimar.
Tenía demasiadas metas,
para sólo un punto de partida,
un perro fiel hasta que una gata,
con sus encantos se lo llevó,
tenía en su imaginario universo,
más respuestas que preguntas,
y eso, definitivamente,
no lo ayudó mucho a crecer.
Trabajaba en la magna idea,
de armar revoluciones,
de esas que desarman la monotonía,
instalada en las mentes livianas,
y así podría, definitivamente,
dar lucha a los dueños de la codicia,
y devolver gratuitamente el aire,
a quienes respiraban de prestado.
Diego disponía de errores a favor,
que atenuaban sus errores nuevos,
tenía una canción que siempre cantaba,
por que un hada se la gravó en su alma,
mientras nadaba sobre las nubes,
en una larga noche de tequila,
la cual le dejó una borrachera eterna,
y una resaca que nunca fué.

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