martes, 29 de diciembre de 2009

feliz 2010 // salutte buena gente

No hace falta que el año termine, ni que la navidad nos convoque, decadas mas, decadas menos, seguimos cerca. a tiro de abrazo, de chat o fonaso. miles de mensajes de texto otros tantos apretones de manos y besos. bueno, la diferencia esta en el marco, en la idea de acordarme de vos y buscarte para el saludo, para desearte a viva voz lo que siempre deseo para vos: lo mejor: el mejor amor, el mejor trabajo, la mejor vida que por ser quien sos te mereces.
que el niño dios te regale lo que esperas, que el gordo noel quepa en tu chimenea y llegue hasta la mia para que el puente entre nosotros siga vivo.
felices fiestas, gran año y good show.

la lic. emma te recomienda mix

domingo, 18 de octubre de 2009

Puentes // Analía Clara Torres // la abogada de dolores


…por donde sucedió,
por lo que te hicieron,
hacia donde nos llevaron…


En un domingo aletargado, con ansias de patio y de cambio, lo miré como de costumbre, esperando su negativa y le pregunté _Te quedás? Y él sin dejar de mirar interesado el televisor , puso interés en venir conmigo y los chicos a encontrarme con Mary.
Vestidos para el paseo, llegamos al Buen Pastor, donde estaba ella mateando cual turista en un ambiente lleno de gente y ..las aguas danzantes.
Nos hizo pasar como si fuera su casa y antes de acomodarme , mi bebé comenzó a llorar…no hay condicionamientos sociales, ni emocionales, debía mamar…
_Sí ya sé…me voy al auto… (Mamar para él no deja de ser un acto sexual y un pudor imposible de no proyectar)
Al volver al lugar veo como él manejaba la charla, hablando de cómo hacer el “chipá”, cigarrillo en mano….el último “cj”, que quedó apagándose delante de las aguas danzantes…
Quise incorporarme con el cochecito, mis tacos, mis ganas de distracción en este Buen Pastor que albergó, de un momento para otro, la parálisis absoluta ante la posibilidad de la muerte….
Ojos extraviados mirándome fijo, comenzó a decirme _Me siento mal. Y sin abandonarse a lo que suceda comenzó a agarrarse al caño frío…sentí que su pedido era letal…
_Una ambulancia por favor! Y comenzó el obsceno tumulto a mirar…la nada, la desesperación, “al caído”, la situación sabrosa para comentar luego..
Y no dejé de tomarte la mano…no quería dejar de pensar para no llorar…y los minutos pasaban con mis hijos en otros brazos…y las aguas danzantes, el cj muriéndose y yo no iba a soltar tu mano .
Y tendidos en ese puente turístico, aguardando la esperanza, no hubo más que repreguntarte: _Te quedas?

Y hoy, con un puente en el corazón, sin cj, cocinás chipas en la casa del cambio al ritmo de las aguas danzantes…


AT ( jul/009)

La Casa en primavera // María José Moreno // la jose

La nieve comenzaba a deslizarse desde la majestuosidad de aquella montaña, por los profundos y zigzagueantes surcos que durante todo el invierno habían dormido cubiertos por aquel manto blanco y de manos heladas, esperando el permiso de la primavera con su cálido abrazo, para volver a danzar entre las sonrientes piedras y bordear la casa deshabitada de la ladera.
En un tiempo del cual nadie recuerda exactamente cuando, ni siquiera si por aquellos días el tiempo era tal, o solamente una fugaz llama en la que se cruzan los instantes sin dejar huellas a cerca de la certeza de lo que ahora voy a contar.
Pero lo importante no solo es que esta historia haya acontecido con toda la fuerza de su veracidad junto a la naciente sombra del haya, cuyas flores se abrían con recelo, pero entregadas a los brazos de la primavera como la novia que llegaba en ese preciso instante en que se casa, y con la primera ilusión entrecruza el umbral de aquella casa de ensueños y esperanzas.
Don Juan dice que fue testigo, y lo que él cuenta, tiene el don de transformarse en verdadero y en leyenda que sacude a la comarca de su vida habitual, para convertir en mágicos aquellos momentos en que Juan relata sus historias.
Casa simple, de maderas desgastadas por la mirada de tanta gente que quiso entrar para revivir lo que allí había acontecido. El aroma del fuego recién encendido al atardecer.
Su esposo la llama. Nadie contesta. El vestido de novia descansa, como abandonado y envejecido, junto al sillón de la habitación después de la primera noche de bodas.
La llama y vuelve su cabeza. En la soledad de aquel atardecer, su voz retumba como un lamento desesperado, sin esperanza. Quizás, ya sabía que nadie acudiría a su llamado.
Las velas encendidas, con su pabilo ondulante, parecen esperarla con ansiedad. Esa de nunca jamás.
Apresuradamente abandona la casa. Corre, hunde sus pesadas botas en los arroyos. Sus piernas se cansan. Hace frío aún y sus pasos se hacen cada vez más lentos. Corre más rápido y parece no avanzar.


El lago, con sus pequeñas olas un poco enojadas esta vez, alejaba el barco rápidamente. Su vela de color tornasolado, envuelta en la brisa fresca, se confundía con el anaranjado sol del atardecer.
Hunde sus piernas en el agua fría, siente un dolor cortante entre ellas, pero no cede, nada, sus ropas lo hacen retroceder, pero el barco no parece tan lejano como antes. Lo alcanza, y se aferra a la soga gruesa y áspera. Escala. Camina con su último aliento al interior de la coraza. Allí lo espera Don Juan y la novia tendida en un lecho de algas marinas. Blanca, confundiéndose su rostro con la eterna nieve en la cima de aquellos alpes, con su última sonrisa dibujada en el rostro. La sonrisa que le regaló el primer día en que se cruzaron por aquellas pedregosas y angostas calles del pueblo. Sonrisa de encuentro, sonrisa de adiós.
Don Juan la vela en el lecho de algas. Al escuchar el sonido de aquella respiración ya casi sin aliento, que exhala dolor, el dolor irresistible de haberla perdido, da vuelta su rostro, su mirada se encuentra con los ojos de aquel hombre desolado y parece preguntarle: ¿Cómo? ¿No lo imaginaste al cruzar por primera vez el umbral de la casa? ¿No pudiste percibir el instante en que ella ya no te contestaba?

MÁGICO ATARDECER OTOÑAL // María José Moreno // la jose

Mientras caminaba por la calle Belgrano arriba en aquel atardecer de sol tan débil y pequeño que podía decirse iba esfumándose del mundo como para no volver, cabizbaja y pensativa, María regresaba a su casa.
Las hojas mustias con su melancolía de verano verde, eran buscadas por María quien disfrutaba del crujido de éstas al pisarlas con sus zapatos cerrados y de tacones fuertes en las tardes otoñales. Algunas, más traviesas lograban escapársele de entre sus pies y alejarse en una danza envolvente, arremolinada, en la cual María se sumergía y las sentía en su aspereza, en su languidez al desprenderse del gran plátano de la vereda de la casa de su vecino Miguel, quien ese momento se encontraba como siempre en el zaguán, con la parsimonia de quien contempla los días sin que nada pueda perturbarle.
-Buenas tardes señorita María - ¿Ya de vuelta al barrio, tan temprano?
- Sí – Contestó María – Quien ya comenzaba a sentir que la voz de Miguel le sonaba como de otro mundo. Por eso dio vuelta su rostro y lo miró. Sí, allí estaba su vecino de rostro colorado por el sol, parado en el zaguán, con las manos perdidas en los mismos pantalones raídos de ayer a la misma hora. Miró hacia el piso y las baldosas rojas estaban cubiertas totalmente con hojas. Miguel decía que nunca las barría porque así como éstas eran bellas en su época de verde esplendor, también su tristeza de otoño en opaco ámbar embellecía el atardecer.
María se sentía somnolienta, el barrio era tan conocido como siempre, pero a la vez ella ya no le pertenecía. Hundió la mano pesadamente en el bolsillo del saco y buscó las llaves de su casa….
- Señorita- la llamó Miguel.
- ¿Qué pasa Miguel?- la mano daba vueltas pesadamente en el fondo del saco buscando las llaves que se habían escapado por la entretela del bolsillo. Allá al fondo, María sintió el tintinear de acero de las llaves. ¡Por fin! Pensé que las había perdido.
- … hoy a su casa – le dijo Miguel.
Fue lo único que escuchó de la frase de su vecino. Sin embargo le dijo un “gracias” como si le hubiese prestado atención y entró a la casa, corrió el cerrojo de la puerta, prendió la luz de la salita, se despojó del abrigo y se dirigía a su cuarto cuando vio una débil luz proveniente del escritorio. Pensó que se había olvidado de apagarla. Se disponía a entrar y pudo observar la proyección de una sombra de larga cabellera en la pared.
Se asomó. No sintió temor. Sabía que no era un extraño. Simplemente una mujer de larga cabellera color ámbar como aquellas hojas de otoño, escribía sin cesar en un papel.
Se acercó más y le tocó el hombro, su mano era tan transparente, tan débil, que la mujer no la sintió. Dio vuelta por el escritorio y se paró frente a ella, pudo ver las manos blancas y miró las suyas que cada vez se hacían más blancas y transparentes. Sintió lo etéreo de su presencia, miró sus propios brazos y eran tan frágiles, surcado de pequeñas venas color azulado.
La mujer levantó la mirada y María posó sus ojos en los de ella, fijamente, sus ojos color almendra. La otra mujer la miraba a los ojos pero María se dio cuenta que no la veía. Tenía sus mismos ojos. Se sentía débil ante aquella mirada, sentía que la penetraba sin verla. Que la conocía hasta en lo más íntimo.
Acercó más su rostro al de la mujer. Èsta abría más los ojos al vacío como queriendo abarcarlo con sus pensamientos y María, acercándose más, la escrutaba con sus ojos almendrados, estaba tan cerca que sentía su parpadeo, las humedad de los mismos se entremezclaba con la de los suyos .Pudo acariciarlos con sus propios ojos, ver su mirada en las pupilas oscuras rodeadas como de almendras rasgadas y leer estas palabras en el papel que la mujer escriba. Pero se sentía cada vez más débil. La acarició y sintió su piel de blanca y suave transparencia. En ese instante la mujer pareció sentir un escalofrío. María se acercó y sus débil es brazos sintieron el torrente sanguíneo de los brazos de aquella mujer penetrando en sus venas. Estaba en ella. Era ella. La sintió angustiarse, llegar cansada, pensar en el otoño que comenzaba. Pudo ver su mirada en la de aquella mujer. Escuchó el ruido visceral producido por la soledad en que vivía. El corazón de bombeo tranquilo y pudo ver los recuerdos… El del patio soleado de su niñez rodeada de veranos con gusto a duraznos recién cortados. Los húmedos besos de adolescente escondida en los zaguanes. Pudo ver futuros otoños de hojas sin barrer, de recuerdos sin borrar. Vio el instante en que se quedó sola en aquella casa sin Eduardo, Eduardo. Lo vio en la habitación junto a ella amándose. Lo vio cruzando el umbral para no volver y sintió en ese momento la congoja que se adueñaba de aquella mujer. Pudo retornar a la sonrisa de su infancia cobijada por regazos de abuelas en casas de campos. Vio este invierno sin Eduardo, imaginó las siguientes estaciones. El crepúsculo anaranjado del próximo verano en el patio de su casa, sintió el fin del amor en su alma.
Justo en ese momento sonó el timbre. María quiso atender pero sus piernas ya no le respondían. Hasta su rostro era ya transparente. La mujer se levantó.
Pudo sentir la voz de Miguel.
- ¿Se encuentra bien Señorita María? – le preguntó – Me pareció raro verla por el barrio más temprano que siempre hoy por la tarde.
- Estoy bien Miguel, gracias. Pero la verdad usted debe de estar confundido. Hoy no he salido de mi casa.
Miguel pudo comprender. La Señorita María había cambiado desde un año hasta esta parte. Pero… ¿Quién era aquella mujer que él vio pasar hace un momento atrás? ¿La que entró a esa casa? ¿Alguien que la señorita María quería ocultar? ¿Quizás María no recordó haberlo saludado? ¿O simplemente ese era el principio del olvido?

viernes, 16 de octubre de 2009

2009/10/14 // Federico Raschi // barcelona para un cordobés

bueno, luego de:

un mes y 17 dias en Barcelona, 267 CV enviados por mail, 53 entregados personalemte (aproximadamente unos 140 km caminados) 182 inscripciones en las putas ofertas de Info Jobs, Info Empleo, Computrabajo, Loquo, Empleo.com, Laboris, Trabajos.com, Adecco, QuienTV, azafatasypromotoras.com; 12 mails a primos de amigos de conocidos de alguien que vivian en barcelona para ver si tenian algo, darme de alta como demandante de empleo en la Generalitat de Catalunya y participar de manifestaciones por la crisis; 1 propuesta para armar lapiceras en casa, 0,10 euros por cada una (acepté, pero nunca me mandaron las cosas y me cagaron 3 euros) 5 entrevistas de trabajo como vendedor de cualquier cosa, 1 entrevista como inmobiliario (con un jefe cubano que se llamaba Jesus), 1 prueba para ir puerta a puerta ofreciendo todavia no se que con un loco que tenia toda la merca encima y tocaba todos los timbres del portero a la vez, 5 dias de trabajo como ayudante de cámara en unas entrevistas (com mi compa JP, una masa) 6 dias de trabajo como MONO operador de inventarios, mas de 15 veces me tuve que peinar, o bien, mojar el pelo y aplastar, terminanado en 1 corte de las puntas de mis lacios y sedosos cabellos (pensando que a lo mejor nadie me tomaba por la pinta) y luego de 2 dias de prueba en www.alsurcafe.com, hoy me confirmaron que estoy INNNNNNNNNN!!

asi qeu bien... un bar copado (por suerte tienen un repertorio musical buena onda y podemos disponer libremente), esta en frente del palau de la música, y practicamente, tengo que tirar cañas, preparar mojitos, cobrar y demas actividades de bar... entre esas hablar catalan, ingles, frances, italiano de los cuales el unico que hablo mas o menos es el castellano...asi que de lujo!

pequeño resumen de mis intentos por trabajar (o currar como lo llaman aca)...

chauuuuu!

jueves, 27 de agosto de 2009

sopa paraguaya // by marta bongiovanni (el secreto mejor guardado... hasta ahora. jeje)

















aquí va la receta

dorar 2 cebollas medianas y dejar enfriar,
enmantecar una pirex para horno
en un bols mezclar:
2 huevos
1 taza de sémola (viene la egran de cocimiento rápido)
2 tazas de leche

salpimentar a gusto y agregar la cebolla ya fría, poner en la fuente para el horno y agregar trocitos de queso mantecoso y bastante queso rayado.

llevar a horno moderado hasta que se solidifique la sémola abajo y queda una crema arriba formada con el queso y la cebolla

lunes, 3 de agosto de 2009

despedida fede + cumple guille // matices















noemí, ceci, lucas, marta, lilly, ana, carina, luciana, guille 2, juan cruz, fede, yo (guille 1), alicia y dany

jueves, 30 de julio de 2009

mis ilustraciones para "ite de la hoya" de juan cruz


ite de la hoya // salvador guevara -juan cruz- (cuentero de arroyito)

Si acaso tomara certezas de la guayabera ahora abundante de fierro y la haría saltar por los aires como piden las tripas que hacen ruidos pidiendo balas y pidiendo goles a favor; si acaso tomara una certeza de esta pérdida constante, le volaría la cabeza.
Pero lo dejo ir. Le dejo ir, diría la telenovela. Y yo la enciendo y mientras él se va, yo aprendo un nuevo idioma de venganza, con la guayabera llena de fierro tibiecito y el televisor prendido. Sin usar.
De la Hoya tuvo siempre esa condición exánime que lo diferenció de la gilada en forma abismal. Cuando había que irse, el guaso se iba. No había que decirle nada ni avivarlo con señas ni refranes. No era necesario el ‘ite yendo’, pues marchaba lento y pausado, solito por la vida cada vez que la muerte le avisaba.

Yo le envidiaba esa postura frente al cosmos. Le envidiaba ser tan vivo cuando el mundo que nos rodeaba era de muertos de hambre. Muertos de frío. Muertos de giles. Yo le envidiaba esa posibilidad de desaparecer por los techos y los tejados como felino en celo. Yo vivía en celo. Pero no era felino y cada vez que las circunstancias ameritaban una rápida desaparición de quien relata, quien relata siempre se quedaba y después decía para qué mierda me quedé, decía. Otra vez acá poniendo la caripela como un pescado y De la Hoya danzando como doncella bien atendida por los aires del pueblo derruido.

Esa noche de bruma londinense en Piquillín puso el sello dorado de su abismal habilidad. Había que hacer desaparecer a los dos policías de guardia. Los dos ropa prestada habían visto esas cosas raras que pasan en los pueblos entre los curas, los pendejos y el intendente. Y los dos botones, antes que hablaran, tenían que quedarse sin lengua.

De la Hoya, en una habitación húmeda y sofocante, afiló el cortaplumas con el filo de la bota de cuero de potro y chocó la hoja contra el foco que nos alumbraba a los dos. Mirá, me dijo. Mirá como brilla. ¿Qué es –le pregunté-, una lentejuela, maricón?
Maricón te vas a hacer cuando me la conozcas, contestó. Y nos fuimos a buscar a los dos botones de Piquillín, en una noche de niebla pesada y silencio asmático.

Llegamos a la comisaría. Los dos cobanis veían tele. Una serie de maricas y para maricas que hablan de amor y se tocan el culo como quien toma agua. No parecen policías, me dice. Parecen enfermeras abandonadas, vuelve a decir. Y me acuerdo de mi madre. Enfermera. Abandonada.
De la Hoya revienta la ventana principal con un cascote hecho de barro y bosta de caballo. Uno de ellos sale afuera, con la pistola entre las dos manos, apuntando a la Osa Mayor el muy pelotudo. De la Hoya lo agarró de atrás y le abrió el pescuezo. Brotaba sangre como brota de los pescuezos de los chanchos cuando se los hace salame en Piquillín.

El compañero, todavía mirando la mariconada en televisión, tardó como 10 minutos en darse cuenta. Y en esos 10 minutos que esperamos bajo la luna en Cuarto Creciente no sabíamos si entrar o quedarnos a la espera de que termine el programa en donde el galán estaba por confesar que era travesti por las noches estrelladas. Termina. El galán se confesó y el otro policía, pobrecito policía, advierte
que el compañero no volvió.

Vega, le grita. Vega, vuelve a gritar. De la Hoya está cansado y lo entiendo. De la Hoya lo quiere liquidar y yo también. Y el milico si gue gritando Vega, pero sin moverse de la silla y leyendo los créditos que la televisión anuncia de la telenovelas de galanes y travestis. Vega, vuelve a gritar. Y de la Hoya me mira y contesta, simulando la ronca voz de tinto y achalay, acá estoy pelotudo, podés venir de una vez.

Yo miraba al cana por un ventiluz esmerilado que tapaba más de la mitad. Sin dejar de ver la tele, el que llevaba la marca de la gorra calzada en la testa le decía a su compañero acuchillado ahí voy. Apurate, le gritó De la Hoya, sin importarle un carajo si el cana vivo se daba cuenta que era alguien imitando.

De la Hoya se quería ir. Pasan el partido de Alumni, me dijo. Por primera vez en 50 años lo pasan por la tele, me dijo en voz baja mientras esperábamos en la puerta de la comisaría del pueblo a que saliera el otro botón. Loco, jugué en las inferiores de Alumni, me volvió a decir. Es como mi casa el club, si no veo al partido me muero, insistió. Lo entendí un poco. El Deportivo y Cultural de mi pueblo nunca había llegado a la televisión. Y si alguna vez llegase, también estaría apurado en matar, como De la Hoya.

Mientras, pasaban los segundos y nosotros seguíamos tirados contra la pared de afuera, casi agachados, esperando que saliera el otro perejil para que el cura pudiera seguir durmiendo tranquilo. Y aburrido, volví sobre el tema del fútbol. Le dije a De la Hoya que entonces, en la tele, estarían sus ex compañeros, peleando por la camiseta del club que los vio crecer. No, aclaró. De mis compañeros, el que está en mejor forma soy yo. La mayoría tiene cirrosis. Son buenos para gambetear, pero tienen que correr con el hígado en una mano, detalló. Los directivos del club trajeron todos porteños. Parecen que chupan menos y le gustan pocos las minas. Está bien, dije, es comprensible en estas épocas de feroz competencia. A De la Hoya le importó un carajo lo que le dije y volvió a gritar sin impostar la vos: Salí la puta madre que te parió.

Y salió el cana. Con dos pistolas, avivado que no era gracia la cosa. Y De la Hoya me dijo no te metás. Yo lo liquido. Pero cuando lo iba agarrar desde atrás con la navaja que parecía una lentejuela entre los dientes, un auto importante apareció por la esquina de la comisaría. Y De la Hoya no se quedó abajo del ligustrín conmigo esperando que todo pasara. Sabedor de quién era el móvil, se arrastró unos 30 metros hacia donde había un gallinero y descogotó unas cuantas para que no alertaran a los dueños. Y ahí se quedó.

Mientras, yo sabía que me tocaba el otro. El trabajo era mitad para cada uno y él ya había liquidado a Vega. El auto importante apenas había pasado la bocacalle y andaba lento, sin saber a donde ir. El cana vivo seguía apostado con las dos pistolas, girando sobre sí mismo y sin saber cuál había sido el destino de su desangrado y marica compañero. De la Hoya intimaba con una gallina y yo, tirado en el piso sin saber qué mierda hacer, quería destrabar la situación. Y había que destrabarla con violencia, como siempre se ha destrabado el rumbo de la humanidad. Tomé la determinación y me abalancé por el costado, sin más armas que el puñal que calzo conmigo en la cintura desde que mi documento acusa una década.

Apucherado, ésta es la última, le dije al policía, que no era tan gil y empezó a resistirse, ahora con la dos pistolas en la mano y tirando tiros al aire. El auto importante justo ahora aceleró y llegó frente a la comisaría. Yo lo tenía de atrás, tratando de clavarle la punta en alguna vena para que se quedara piola, pero el cana seguía tirando tiros. El auto no me importaba. El poder de la curia y de la autoridad política me protegían. Pero el acobardado empezó a gritar intendente, intendente. Y el auto paró. Y se bajó el intendente. Yo lo tenía de atrás al cobani amanerado, con el puñal en el cogote. Una gallina parecía estar siendo violada por De la Hoya a metros del lugar y el auto frenó. Y bajó el intendente. Yo lo tenía al cana y el intendente me miraba serio, sin decir una palabra. Intendente, ayúdeme, decía el botón. Y el intendente, recién bajado del asiento del acompañante, miraba absorto la escena.

Le aclaré. Éste es el mirón, señor. Este es el que anda espiando. La misma cara de nada el intendente y abrió una de las puertas de atrás. Se bajó el cura. Y yo con el puñal a punto de abrirlo al policía.
Padrecito amigo, éste sabe todo, le dije como buscando que la pena no fuera más que 3 avemarías y 5 padrenestros. Este cabeza sabe que usted lo quiere mucho al hijito de la Chuchina, la cocinera, ese que tiene 12 años nomás, dije para ablandar el férreo corazón de la Iglesia. Pero después de decir todo lo que dije, de la misma puerta del cura se bajó el Juez de Paz, el único hombre respetable e incorruptible de Piquillín. Cara adusta, apenas se bajó de móvil me apuntó con una 45. A estos ladronzuelos hay que matarlos a todos, le dijo el intendente, quien me guiñó el ojo para que bajara el cuchillo.
Lo bajé. Y con él mi futuro. Y grité De la Hoya y la concha que te parió. Las gallinas se alborotaron. Gol de Alumni. Mientras yo marchaba preso, alguien festejaba.

Me culparon de homicidio contra la autoridad y me comí 6 años en el calabozo del pueblo, a polenta y salchichón. El cura y el intendente salvaron las ropas, uno es congresal y el otro habla de moral y buenas costumbres todas las noches por el mismo canal por donde pasaban el partido de Alumni.

Yo me hice amigo del cana que estuve a punto de matar. Por la buena relación, me perdonó como 5 meses y me abrió la puerta de rejas para que me vaya. Y salí para buscarlo a él.

Y hoy lo encuentro. De la Hoya. Nos encontramos. Él sigue en la misma. Yo en ninguna. Pero tengo la guayabera calentita para tomarme venganza del abandono aquél. Ganó Alumni y ascendimos, me dice apenas me ve. Tomá, dice y tira sobre la mesa del bar en el que nos encontramos una camiseta de fútbol autografiada. En la vuelta olímpica me acordé de vos.

Soy hincha del Deportivo y Cultural, le aclaré y fui metiendo la mano entre mis ropas. Me limpio el culo con esa camiseta le dije. Sabés que ésta es la última, cagón, añadí. La viejita que atendía la barra, única habitante del bar a esa hora, trajo dos ginebras. Las había encargado De la Hoya. Para que brindemos, me dice.

Está bien, brindemos. Porque es tu última noche. Digo yo y él interrumpe y dice que no, que mejor brindemos por el avance de Piquillín. Qué avance, le pregunto, desconcertado. Por éste, dice, y me señala un ángulo del techo. Cualquier bar tiene cámaras de televisión para filmar lo que pasa. ¿No es bueno eso? Así la gente no se anda matando así porque así, asevera.

Tomó el vaso de ginebra de un solo saque. Se limpió la barbilla negra con el mantel de la mesa y se me acercó. Me dio un beso en la frente y dijo en mi oído: Cuando te tenés que ir, ite.
Y se fue.

La viejita se acercó de nuevo a mi mesa, mientras De la Hoya traspasaba el umbral de la puerta del bar con circuito cerrado de televisión. ¿Usted va a pagar le ginebra?, me preguntó la vieja. Sí, le dije, sino la paga este pelotudo, quién carajo la paga.

La guayabera está calentita. La vieja me prende la tele. Pasan una novela para maricas. Esta es la mía dije. Donde se tocan el culo como quien toma agua.

fede, yo y la torta de elisa (la traidora)

amigo en común (el mate) // luciana laurino (amiga y periodista)

Él fue testigo de nuestros penares

Nos hizo unirnos en una amistad que perdurará aunque hoy te esté despidiendo

Me hizo confesarte cuestiones más que mías

Se hizo inacabable todas las veces que te visité


Si lo habremos armado, amargo y dulce

Si nos habrá hecho falta cuando alegres, cuando tristes

Si se nos habrá lavado para dejar de tomarlo al instante

Si nos habrá acompañado en nuestras salidas campestres


Un mate para evitar que te sientas sola

Un mate porque representa el lazo que nos une

Un mate para que tengas las raíces al alcance de la mano

Y no olvides que te quiero

Y sepas que sigo estando


Porque hay vínculos que nunca se pierden

Porque no nos va a amedrentar la distancia

Porque en algún punto seguimos siendo las mismas

Aunque nuestros caminos ya se dividan


Tus sueños esperan

Y ahora les dan fuerza a los míos

Los vigilan para que no se queden quietos

Para que no se pierdan en el olvido

martes, 21 de julio de 2009

crónicas anacrónicas // guille (si, yo. te jode? ja)

A menudo desde esta cama,

el cielo cabe en esa ventana,

tan chiquita y desprolija,

donde un montón de palabras,

conviven con mil estrellas,

que esperan la madrugada.


A menudo corro el riesgo,

de caminar por las mañanas,

de llevarme por delante el viento,

en mi bicicleta dorada,

como un valiente centauro,

en busca de su bien amada.


A menudo el día despues de hoy,

precede al día que quizá no llegue,

y la historia que no contaron,

se llena de sombras indiferentes,

y la historia que nos contaron,

late en la sangre de los herejes.


A menudo los pasos cubren el camino,

cuando el camino va a ningún lugar,

y en un horizonte pintado de rojo,

cubierto de playas sin mar,

el efímero ahora, en su futuro,

hace del tiempo su espacio letal.


A menudo desde esta cama,

el cielo cabe en esa ventana,

donde mueren las preguntas,

que siempre se le hacen al alma,

y que sólo por esta noche,

serán como un grito en la calma.


lunes, 20 de julio de 2009

que gran día // feliz día amigo

brindo porque te recuerdo, brindo porque estas cerca, brindo porque brindas conmigo y siempre es una alegria. amigo, buen amigo, querido amigo, lejos de la boludez de los mensajes melosos, en este gran dia y como diría charly: "te amo, te odio, dame mas" porque la amistad tambien admite la falta de armonia para que todo sea armonia.
un abrazo, un sol pleno y good show.
feliz dia amigo

lunes, 6 de julio de 2009

feliz día córdoba!!! // córdoba va // Francisco Heredia

Con sus motos y apellidos,
con sus calles y baldíos.
Con su río y su cañada,
con fantasmas y peladas.

Córdoba va, y va.

Con mujeres trasnochadas,
con sus largas madrugadas.
Con amores bajo el puente,
con cirujas y docentes.

Córdoba va, Córdoba va...

Contra vientos y mareas,
contra lluvias y peleas.
A pesar de tanto cuento,
a pesar de que anda lento.

Córdoba va, y va.

Con la Luna en un Altillo,
con su olor a conventillo.
Con el fútbol y su gente,
y su toque diferente.

Córdoba va, Córdoba va.

Con sus ídolos de barrio,
con su bronca y su trabajo.
Con los dientes apretados,
con los sueños postergados.

Córdoba va, Córdoba va...

campo 3

campo 2

campo 1

martes, 16 de junio de 2009

quijote clandestino // mío (bancatelá. jaja)

quijote clandestino con ideas de algodón,
cambiaste los molinos por un gran ventilador,
soñaste con el mundo pero sólo te quedó el dolor,
amaste a Dulcinea más con Sancho se casó.

quijote clandestino tu destino es siempre el sol,
encontraste el mal sendero y al cemento te llevó,
tu caballo Rocinante entre los autos se perdió,
y tu musa inspiradora se fué tras de un avión.

luego el silencio en el silencio mismo se escuchó,
pudiste ver el cielo pero jamás llegaste al sol,
te escudaste con tus libros que algún duende te robó,
temiste por temer y seguís temiendo hoy.

por qué llorás todavía si no todo se perdió?

conociste la alegria de la gente y las flores de cartón,
los ojos de una chica que en tus ojos se miró,
la sonrisa de tus hijos y con ellos el amor,
y al volver a ver el cielo pudiste ver el sol.

quijote clandestino con tus manos limpias hoy,
quijote clandestino por fin llegaste a dios.


lunes, 8 de junio de 2009

seria fantastico // joan manuel serrat (maestro)

Dicen..
Sería fantástico
que andara equivocado
y que el water no estuviera ocupado.

Que hiciera un buen día
y que no nos engañaran en el peso.
Que San Pedro, no cantase ni aunque le pagaran.

Sería fantástico
que nada fuera urgente.
No pasar nunca de largo y servir para algo.
Ir por la vida sin cumplidos
llamando a las cosas por su nombre.
Cobrar en especies y sentirse bien tratado
y mearse de risa y dejar volar la fantasía.

Sería todo un detalle,
todo un síntoma de urbanidad,
que no perdiesen siempre los mismos
y que heredasen los desheredados.

Sería fantástico
que ganara el mejor
y que la fuerza no fuera la razón.

Que se instalara en mi barrio
el paraíso terrenal.
Que la ciencia fuera neutral.

Sería fantástico
no pasar por el tubo.
Que todo fuera como está mandado y nadie mandara.
Que llegara el día del sentido común.
Encontrarse como en casa en todas partes.
Poder ir distraído sin correr peligro.
Sería fantástico que todos fuéramos hijos de Dios.

Sería todo un detalle
y todo un gesto, por tu parte,
que coincidiéramos, te dejaras convencer
y fueses como yo siempre te imagine.


lucas, guille, male, silvi y jano