viernes, 17 de enero de 2020

CIELO RASO

Tengo un perro que al caer la tarde,
salta por la ventana y corre por los tejados,
aullando como un lobo en celo,
y aunque sigue huérfano de amores,
vuelve por las mañanas con las marcas,
que deja el juego del cuerpo a cuerpo.
Tengo un espejo, espejo espejito,
que nunca me da con el gusto,
de decirme que soy el más bonito,
y el maldito se divierte mostrandome,
lo que será, dentro de su sádica ironía,
mi decadencia veinte años después.
Tengo una mujer, extraña mujer,
que me invitó a compartir sus noches,
y de la que fuí el amor de su vida,
por casi diez minutos completos,
por que en realidad lo que amaba,
era otra ella que saciara su apetito.
Tengo la habilidad de superarme,
para que mis defectos sean mas defectuosos,
cual una usina interminable,
dedicada a generar pasos en falso,
y con eso tengo, digamos, bastante,
para entrar en el mundo de defectos ajenos.
Y así por así, puedo aseguraos que tengo,
con la mano sobre mi corazón inquieto,
la virtud de encontrar oculto entre líneas,
el secreto de rearmar mis escombros,
explorando nuevas arquitecturas,
para reinaugurarme sin remordimientos.

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