jueves, 20 de enero de 2022

PUTA MADRE CON LAS MONEDAS

Soy el que caminaba sobre el horizonte,
cuando creía que el mundo era plano,
el que pintaba las hojas amarillas de verde,
mientras recibían su último responso,
el que encendía en cada esquina las farolas,
para anunciar que la noche estaba en calma.
Soy ese que aprendió a reÍr antes que llorar,
cuando el soplo de vida me abrió la puerta,
y que de tanto buscar las dignas salidas,
nunca, pero nunca, supo cuál era la entrada;
un irracional compendio de contradicciones,
que salvajemente confrontan sin pausa,
y que al llegar la ronda de la medianoche,
comparten un café en algún bodegón oscuro.
Soy el que se armó de fragmentos,
para sentirse alguna vez dueño del todo,
racionando las aguas de la tristeza,
derrochando sin culpas las mieles del amor;
el que tuvo que morir solamente tres veces,
para hacerle el amor cada tanto a la muerte,
y esgrimir en el duelo por perderla,
mi corazón cargado con balas de salva.
Soy el que va borrando sus huellas,
para que nadie se confunda con mis pasos,
y por no ser, se que jamás seré,
el ejemplo a seguir de quién busque caminos;
pero, al margen de las soberbias razones,
mi razón sólo se limita a vivir de a centavos,
como un mendigo de aliento, de sonrisas,
de rostros que muchos duraron un día,
y que a pesar de mi frágil memoria,
ese día, perdurará más que toda mi vida.

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