sábado, 14 de julio de 2018

Villa Damasco


Villa Damasco,
es un pueblo raro,
con sólo una plaza,
en la que siempre llovía,
de sus cuatro frentes,
en uno está la iglesia,
pequeñita y azul,
donde el cura,
toma las confesiones,
que por ser sordo,
a nadie entiende,
pero igual, a todos bendice.
En otro, el ayuntamiento,
una casona fastuosa,
con un balcón a la calle,
en el que el intendente,
se apoyaba cerveza en mano,
como espectador de lujo,
a ver las manifestaciones,
que a diario había en su contra.
Otro de sus frentes,
está ocupado por el museo,
que no era más,
que la casa de un vecino,
dueño de una estampilla,
de una carta de sus abuelos,
del siglo anterior,
que exhibía como única obra,
y de la que todo el pueblo,
visitaba los sábados para verla.
Y el cuarto frente,
el prostíbulo oficial,
propiedad de unas gemelas,
Ivonne y Mariel,
que ofician de madamas,
y también de prostitutas,
por falta de presupuesto.
Y alrededor,
el resto del poblado,
orgulloso de sus costumbres,
de su gente, de su vida,
de saber quien es quien,
y aunque cueste entender,
a pesar de su austeridad,
nadie piensa en irse jamás.

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