lunes, 2 de julio de 2018

Zacarías


Cada miércoles al caer el sol,
Zacarías, el costurero,
maletín con hilos y agujas en mano
salía a remendar corazones rotos,
los encontraba en alguna esquina,
con una farola apagada,
en balcones que quedaron,
suspendidos en la nada.
Impecables sus zurcidos,
devolvían a los rasgados,
una luz de esperanza,
para reencontrarse con el amor,
y al finalizar noche,
volvía a su cálido taller,
dónde sus telas esperaban.
Zacarías, el costurero,
hizo un miércoles cualquiera,
su recorrida habitual,
y se encontró con un corazón,
que por más que lo intentaba,
no podía reparar,
fue cuándo entonces,
decidió llevar el trabajo a su casa,
y con enorme paciencia,
con finos hilos de seda,
y minúsculas puntadas,
Dio comienzo a su tarea.
fue tanto el amor que puso,
que sin querer, se enamoró,
y al culminar aquella noche,
sólo recibió una sonrisa,
un beso blanco en la mejilla,
y un pequeñito adiós,
del que no pudo resistir,
y terminó rompiendo su corazón.

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